Opinión. Put Your Money

Vivimos un tiempo de enorme y glorioso cambio en el modo en que funciona la industria, asistiendo a la proliferación de compañías legítimas pese al cada vez mayor tamaño del negocio. Para una actividad que originalmente estaba reservada a una panda de inquietos inadaptados, y que ha pasado a ser propiedad (en un gran número de casos) de grandes grupos empresariales, son cada vez más los ejemplos en que los patinadores toman las riendas y consiguen hacerse un hueco como es debido dentro del hostil mundo empresarial. Tampoco quiero engañar a nadie llenándome la boca con que “ahora por fin hay marcas puras”, ya que cualquiera que esté un poco puesto en historia reciente de skate podrá encontrar casos en los que “éxito” y “saber hacer” se dan la mano (por ejemplo Girl/Chocolate). El patín, como casi cualquier actividad, requiere de una industria, y a medida que ésta ha ido creciendo es normal que empresarios con un interés meramente monetario empezaran a interesarse por un sector en el que sus inversiones pudieran verse beneficiadas. Por descontado que, la entrada de este tipo de corporaciones en nuestro universo permiten que muchos de nuestros “héroes de acción” favoritos puedan hacer un dinero antaño impensable, por patinar de modo profesional. Pero la pregunta es, ¿qué pasará el día en que estas inversiones no sean rentables? Como consecuencia de la situación económica actual no son pocos los casos en que marcas “puras” han tenido que ser absorbidas por grandes corporaciones, y en la mayoría de casos esto se ha traducido en drásticos recortes de equipo (véase Ipath), o en auténticas catástrofes/éxodos como el reciente caso de Blueprint (RIP). Pero lo cierto es que para cualquier observador, desde un prisma empresarial, estas decisiones no son más que las lógicas consecuencias de una inversión insuficientemente lucrativa.


En una reciente entrevista a Sylvain Tognelli (patinador y sociólogo), éste establecía una interesante analogía/profecía: “(…) si te imaginas el patín como una gran pared donde cada compañía pone un ladrillo, acabará siendo insostenible cuando demasiadas marcas sean tragadas por corporaciones. Porque, si demasiados ladrillos son quitados, la pared se vendrá abajo. Al menos esto es así para la industria, no para la cultura de momento (…)” A poco pesimista que seas, este “de momento” te habrá dado que pensar, y sino te garantizo que lo hará cuando hayas acabado esta página y pienses un poco sobre el tema. Como enamorado del monopatín no son pocas las veces que he tenido que justificar mi pasión por todo lo que conlleva jugar con esta madera sobre cuatro ruedas, y con los años es, sin duda, el carácter de “multiplataforma” cultural lo que me hace seguir enganchado a este universo. En ese sentido, la proliferación de compañías pequeñas (en términos de infraestructura) de fuertes ideas, marcada imagen y que, curiosamente, cuentan con patinadores a los mandos, se perfila como el último refugio de los valores originales y nobles intenciones para con la cultura que tanto amo. Dicho esto, ¿qué hacer? Como ya decía al principio del texto el patín es grande, muy grande; tan grande que a día de hoy hay tantos y tan variados perfiles de consumidores (odiosa palabra) que sería difícil establecer una conclusión válida para todos ellos. Pero a poco que reflexiones sobre a dónde va tu dinero cuando consumes en nuestra industria, seguro que sabrás dónde apuntar. Si estás tan ciego que no ves lo necesario de mantener con vida el lado más genuino, independiente y en definitiva virtuoso de todo esto, probablemente no estemos hablando de la misma sensación. El patín es de los patinadores. No lo olvides nunca.


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